“Cuento de Navidad” (Cuento- Carlos Husón)
Domingo, 11 de Enero de 2009“CUENTO DE NAVIDAD”
Era la víspera de Navidad, la gente caminaba de un lado a otro como si todos tuvieran prisa. El frío invernal de la tarde no permitía quedarse parado mucho tiempo, sin riesgo de quedarse congelado.
Las luces navideñas que adornaban la plaza ya se habían encendido y algún villancico sonaba ronco y lejano por los altavoces que el Ayuntamiento, como si de un rito se tratara, colocaba cada año con la anticipación necesaria.
No cabía la menor duda, ¡era Navidad!.
A las ocho de la tarde comenzaba a nevar, era día de ajetreo y compras alocadas de última hora.
Casualidades de la vida, la plaza de la Universidad volvió a reencontrar a dos grandes amigos que lo fueron.
¡No me lo puedo creer!…¿Eres tú?… ¡Alex!… jajaja… ¡El mismo que viste y calza! Javier.
¡Dame un abrazo chaval!… Qué alegría verte… pero,… ¿Cuánto ha pasado?…. por lo menos veinte años… No tenemos vergüenza… ¿Vives en la ciudad, Alex?… Pues sí, tengo un piso en el centro, ¿y tú?, yo vivo más alejado, tengo un chalet en al afueras.
Alex, cargado de bolsas de regalos, estaba como siempre, con algo más de barriga, seguía siendo un hombre atractivo para cualquier mujer que buscara un buen cuarentón. Vestía de manera informal pero elegante, tal y como lo recordaba.
Javier, llevaba un gran maletín de ejecutivo .Había cambiado algo, la alopecia no lo había tratado muy bien. Su atuendo era más disciplinado… Traje gris oscuro, camisa a rayas y corbata llamativa.
¡ Vaya, vaya!… Qué alegría volver a verte después de tanto tiempo, comentó Alex…. Parece mentira cómo pueden distanciarse dos vidas antes tan unidas… ¿Recuerdas?…
Cómo no voy a recordar, ¡bribón!
¡Que casualidad!…. y precisamente en esta Plaza… Qué tiempos… Aunque, si la miras bien, ya no parece la misma, comentó Javier… Ni que lo digas, esto ahora parece un parque de atracciones repleto de tiendas y restaurantes chinos con luces de colores y sucursales bancarias.
Cuántas horas de palique en aquellos bancos bajo el magnolio gigante.
Los dos sonreían… Pasábamos más horas en los bancos de la plaza que en los bancos de clase.
¿Te acuerdas?… Le llamábamos el “Epicentro”, como si aquel magnolio fuera el origen y el centro de nuestros propósitos y planes de futuro, Aunque sabíamos que, pronto o tarde, llegarían y harían desaparecer aquel encanto. ¡Eran los buenos tiempos!
Y bueno, Alex, cuéntame, ¿qué ha sido de tu vida?… Supongo que estarás casado con algún bombón, tú eras el guaperas del grupo… Siempre te llevabas las mejores chicas de clase.
Lo cierto es que Alex, siempre aseguraba que sólo salía con ellas para pasar el tiempo y que cuando llegara el momento ya encontraría una mujer guapa e inteligente, se compraría un gran coche y se rodearía de hijos que le alegraran la vida.
Pues sí, respondió Alex, no me puedo quejar, me casé con una mujer guapa, trabajadora e inteligente que me adora y tengo tres hijos que son una bendición y que me llenan la vida…En fin.. ¡No puedo quejarme!
Qué pena, dijo Javier… Desapareciste los dos últimos años sin dejar rastro… Supongo que acabaste la carrera y estarás ejerciendo como urólogo, ¿ me equivoco ?.
No te equivocas Javier, trabajo en un buen Hospital y luego paso consulta en mi despacho privado.
Ya me darás la dirección, dijo Javier, cualquier día de estos pasó a visitarte y me haces una buena revisión, todavía funciono muy bien, pero ya sabes una buena ITV, nunca va mal y si encima no me cobras… Jajaja.
Bueno, luego nos damos los teléfonos y nos llamamos.
Y tú, ¿qué?, ¡Don Javier!, supongo que seguirás soltero… Enemigo incondicional del sagrado matrimonio… Jajaja… ¡Qué discusiones sobre el tema ¡… ¿Recuerdas?, siempre comentabas que mientras no estuviera penalizado a ti no te pillaba ninguna, que preferías estar solo que mal acompañado, que el matrimonio acababa siendo un problema y los hijos un calvario
Nunca nos pusimos de acuerdo… ¡Como buenos amigossss!… comentaron al mismo tiempo.
Pues sí, contestó Javier, sigo soltero, y disfrutando de la libertad. Sin ataduras.
Me sigo cuidando bastante, sin tabaco, mucho tenis, gimnasio y de flor en flor. Ya sabes, yo no podía ni puedo ser tan exigente como tú… Y eso brinda más oportunidades.
A tu manera, pero tan pillo como siempre. ¡Menuda vida! comentó Alex.
En cierto modo te envidio y ya veo que conservas un buen tipo, le dijo sonriendo…¿Acabaste finalmente tu carrera?…Sí, terminé Empresariales, no me quejo tampoco.
Trabajo en una gran Compañía de Seguros. Ahora venía precisamente de una reunión de última hora. Estamos ultimando los detalles de una fusión para principio de año con una compañía extranjera.
Los dos amigos de antaño estuvieron charlando animadamente unos veinte minutos más, recordando y contándose alegrías.
Pero la nieve no dejaba de caer y empezaba a ser molesta, así que, como los dos parecían tener prisa, se dieron un gran abrazo, se felicitaron las Navidad, se desearon un feliz Año Nuevo y se despidieron, no sin asegurar que se volverían a ver pronto.
Javier, tan pronto dio la vuelta a la esquina, se encendió con ansia un cigarrillo. Pensó que no habían tomado nota de sus teléfonos. Los dos lo sabían. Por un momento lamentó no haberle contado toda la verdad a Alex.
Sus últimos años habían sido un desastre, acabó como pudo empresariales, actualmente estaba colocado en una Empresa de seguros. Su trabajo consistía en hacer seguros de vida puerta a puerta… Así se ganaba la vida.
Tampoco le contó que superó un cáncer de pulmón que casi le quita la vida. Que sus padres, que el conocía, murieron juntos el año anterior en un accidente de circulación al chocar contra un camión, que fueron momentos muy dramáticos y unas navidades muy tristes.
Sabía que su vida era tan mediocre como muchas, pero sentía una enorme satisfacción al ver que Alex, por lo menos, había hecho realidad sus sueños y disfrutaría de una feliz Navidad acompañado de su mujer y de sus hijos.
Llegó finalmente donde tenía aparcado el utilitario de segunda mano, sobre la acera, con los intermitentes puestos y ligeramente cubierto de nieve.
Subió al coche, allí estaba esperando su mujer, obesa como una ballena, ocupaba totalmente el asiento delantero y su culo se esparcía desde el elevalunas hasta reposar encima del freno de mano que, como es lógico, estaba inutilizado,..El aroma al entrar en el coche, le producía arcadas… Era el de siempre, a bolitas de queso y tiras de maíz.
En el asiento trasero, se agolpaban cuatro niños gordos también que, apretados, no paraban de engullir bolsas y bolsas que su mujer les había comprado para que estuvieran alimentados, callados y quietos, mientras su padre iba a hacer unas visitas de última hora, tratando de conseguir los objetivos marcados para ese maldito mes en el que nadie pensaba en los seguros de vida.
Su mujer, como siempre, no paraba de echarle bronca, esta vez por no sé qué historia. Javier, como siempre también, no le prestaba atención y no dejaba de pensar en la fortuna de Alex.
Finalmente le dio la razón a su mujer para evitar que siguiera mortificándolo y salió dirección al piso todavía hipotecado que tenían en un barrio de las afueras, donde la Navidad no se hacía tan patente. Un barrio cada vez más lleno de inmigrantes y gente rara para los que la Navidad, nada significa.
Alex, por su parte se dirigió también a recoger su coche aparcado en zona azul, se había pasado más de una hora y se encontró una multa enganchada en el parabrisas, casi cubierta de nieve…¡Vaya por dios!… No respetan ni la Noche Buena.
Era propietario de un Ford Fiesta que cumpliría 11 años dentro dos meses.
No acabó la carrera de medicina y trabajaba como celador en un hospital privado
Sentado en el coche, se recriminaba no haber sido sincero con Javier, había dejado de contarle muchas penas y eso hacía que no se sintiera bien consigo mismo, aunque se alegraba de que a su amigo las cosas le fueran tan bien.
Al cabo de unos minutos, entró y se sentó en el coche un hombre, vestido de mil colores, absolutamente afeminado y con la cara maquillada, como un óleo.
Era evidente que pretendía disimular su edad que ya estaba más cerca de los cincuenta que de los cuarenta.
Con él, compartía su vida Alex desde hacía más de 15 años. No entendía por qué estaba con Tony, tenía un humor de perros, se quejaba de todo y todo le parecía poco… Además, odiaba a los niños.
Alex le entregó los paquetes y le comentó que esperaba que este año le gustaran y le parecieran suficientes.
Salió del aparcamiento y se dirigió al piso de alquiler que compartían en el centro de la ciudad desde hacía diez años.
Un piso antiguo con una renta baja, pues Antonio (se hacía llamar Tony), no trabajaba, se quejaba de unos oportunos dolores de espalda que nunca se curaban.
En el piso, mientras su “compañero” no dejaba de hablar de los precios, de lo bonitos que estaban los escaparates navideños y de los adornos de navidad que había comprado y de cosas bonitas que había visto y que no podía comprar, Alex no dejaba de pensar en la suerte de Javier… ¡Quién pudiera llevar esa vida!
Era la noche de Navidad, y según dice la tradición, hay que contar alegrías… Todos debemos estar felices y transmitir esa felicidad a los demás, las desgracias son para otra época… Eso tengo entendido.
Javier y Alex, fueron buenos amigos y serán felices estos días de Navidad, pensando cada uno que por lo menos el otro vive la vida que planearon en el “Epicentro”, bajo aquel viejo magnolio que ya no existe.
Nunca más volvieron a verse. Aunque hubo muchas Navidades más y como cada año, las luces de colores, los villancicos y la nieve, regresaron a aquella Plaza donde alguna historia navideña se hace realidad cada año.
Algunas, historias felices como un cuento de Navidad… Otras, crudas y reales que los cuentos no explican aunque también sucedan en Navidad.
© CARLOS HUSÓN




