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“Recuerdos”

Jueves, 16 de Julio de 2009

“Recuerdos” ( Relato Corto)

“RECUERDOS”

Julio, se despertó desorientado,  como si no supiera donde estaba. Le ocurría con frecuencia, tardaba  unos segundos en reconocer el sitio y ubicarse. Por fin conseguía desacelerar el corazón y calmarse.

Le gustaba, después de esa fase de desconcierto, quedarse unos minutos en la cama pensando.

Seguía con su costumbre de niño. Se deshacía de la ropa de dormir que lo había mantenido atrapado toda la noche entre apreturas  y sudores y  se quedaba tendido desnudo. Le gustaba esa sensación de libertad y desahogo. Lo que era una costumbre de antaño, se había convertido en una manía litúrgica.

Sus pensamientos le llevaban a los tiempos que, con su tío, recorrían pueblo tras pueblo.

Su tío Damián, tenía en propiedad una vieja  furgoneta  verde, que, a pesar de su vejez, llegaba siempre a sus destinos. En ella, llevaba instalado un proyector  de cine y varios rollos de películas, no  más de dos o tres.

Su trabajo consistía en proyectar por la noche en las plazas de los pueblos, lo que él llamaba, “Lo último en estrenos cinematográficos”.

Lo cierto es que cuando llegábamos a un pueblo, esa  vieja   furgoneta verde, con el rótulo “El cine en  casa”, era como un soplo de aire fresco  para aquella gente pueblerina, que , aparte de las fiestas del pueblo, parecía aburrida  y sin demasiadas ocasiones para salir del tedio y el aburrimiento.

Mi padre murió hace más de diez años, su hígado, no aguanto más, el alcohol colaboro decisivamente en aquel desenlace. Mi madre murió también, cuando apenas tenía 3 años. Casi no tengo recuerdos de ella, salvo alguna foto  grisácea que guardo como un tesoro. Nunca entendí como aquella mujer tan bella, y con esa apariencia tan dulce,  se había casado con mi padre, al que pocas virtudes le adornaban. Nunca podre preguntárselo.

Ahí me tienes, a los 14 años, solo y sin oficio.

Mi tío, me acogió sin dudarlo. Era viudo y creo que ya empezaba a necesitar un ayudante. No quiero decir que no me quisiera, pero su trato  era áspero, su carácter introvertido y no destilaba mucho cariño.

Recuerdo el  entusiasmo con el que  recibían nuestra llegada al pueblo de turno… La gente, especialmente los niños, rodeaban nuestra furgoneta, chillando y preguntando… ¡Cineroooo!… ¿Qué películas nos vas a poner esta noche?

Mi tío, se sentía como un Rey Mago, y la respuesta era la misma del pueblo anterior: “Dos  películas de estreno que no debéis  perderos”.

Como casi siempre, los estrenos se reducían a películas, estrenadas hacia algunos años, principalmente de romanos, del oeste y películas románticas, de llorar, que decían los  vecinos. Eran las películas que gustaban y mi tío hacia el milagro de que pudieran disfrutarlas.

El ayuntamiento, nos pagaba una habitación en la pensión del pueblo, si la había, o nos alojaba en casa de algún vecino, al que suponemos le compensaban con alguna pequeña cantidad.

A veces mi tío, estaba de buen humor  durante las proyecciones,  y si le dejaba todo preparado y en orden, dejaba que me  ausentara .De este modo, como ave nocturna, podía ir en busca de alguna  mozuela  ardiente  que prefería mas a  los “extranjeros” que a los propios del lugar.

 Aquellas jóvenes, en la apasionadas, difícilmente podían tener escarceos fuera del noviazgo sin el riesgo de ser tachadas de mujeres ligeras y a las que la mala fama podía acompañar durante años. En los pueblos, cuesta  más olvidar. Eso, siempre jugaba a mi favor.

No tuve mala suerte…. Mi  edad,  de los 16 a los 20 años (fueron cuatro  los que anduve junto a mi tío). Mi  aspecto de chico de capital… Ser “extranjero”  y bien parecido, me facilitaban las cosas. Podría decirse que en muchos  pueblos me esperaba  alguna jovencita deseosa de repetir.

Una de ellas me robó el sentido. Angelina, era especial, preciosa , diferente al resto. Su media melena rubia y sus ojos azules parecían no pertenecer a ese lugar. Yo tenía diecinueve  años, ella dieciocho recién cumplidos. . Nos limitábamos acogernos de la mano y  pasear bajo la luna  conversando. Fue un ángel que se cruzo en mi camino y mi primer amor.

Deseaba que llegara la visita a su pueblo para poder volver a verla. Ansioso, no veía el momento  de   abrazarla, besarla, de tenerla entre mis brazos, de prometerle mi amor. Era como un ángel. Creo que estaba complemente enamorado de ella y que era correspondido. Me sentía feliz y dichoso

Mis malas trazas y mi calentura, hicieron que, ella, cediera a mis deseos y una noche de verano, paseando abrazados por las afueras del pueblo, y mientras los sonidos de las películas se escuchaban a lo lejos, en mitad de la noche, la hierba acogió nuestros cuerpos desnudos e  hicimos el amor iluminados por la luna. Fue una de las noches más hermosas de mi vida. Nunca la olvidaré.

En uno de los últimos viajes, la busque desesperadamente y no conseguí  localizarla, ¡no estaba!…No quise preguntar a nadie para no despertar comentarios y habladurías.Fue una noche solitaria y triste

Fue en la segunda visita, al cabo de un mes, cuando, al comprobar que seguía ausente, decidí a preguntar a su grupo de amigas.  Entre risitas, me comentaron que se había ido  lejos, a vivir con unos  tíos , y  que no sabían dónde.

Desde ese instante, supe que no volvería a verla y  mi vida ya no sería la misma.

Los recorridos por los pueblos se hacían monótonos y tediosos. Estaba triste y  cambio mi carácter, creo que eso influyo en mi  apatía a la hora de cumplir con mi papel de “ayudante de proyección” como decía mi tío.

Un día, cuando acabo la proyección, mi tío, hablo conmigo…. Mira Julio, yo me vuelvo viejo, me canso  de ir de aquí para allá. Esta vida se acabo para mí. No veo en ti el entusiasmo necesario ni las ganas de seguir con este negocio, así que, he encontrado un amigo que me comprara  la furgoneta y todo el equipo. Le acompañare en una gira completa y será la última.

Julio había cumplido los 25 años y seguía residiendo en casa de su tío, al que los achaques visitaban con demasiada frecuencia.

De repente, como si alguien lo hubiera clavado un par de espuelas,  salto de la cama,..Se le había pasado el tiempo rememorando aquellos recuerdos.

A toda velocidad, se ducho. Mientras se iba vistiendo, masticaba el desayuno rematado por una taza de café que tomaba  camino  de la puerta.

Esta vez más llegaría tarde al trabajo, la tienda de “Fotoprix”  en la que trabajaba hacia casi  tres años. Sospechaba que la  encargada  bebía los vientos por él y que, como en otras ocasiones, la bronca por el retraso, sería un mero trámite.

Cuando regreso a casa, en el buzón había una carta sin remite. Le era familiar y  la esperaba cada año para esas fechas. Contenía solamente una fotografía  de una hermosa  niña de cinco años, rubia, de ojos azules y con cara de ángel.

Como cada mes  de abril, mientras miraba la foto, una mezcla de orgullo e infelicidad se apoderaban de él y los ojos  se le inundaban de lágrimas.

© CARLOS HUSÓN