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Publico en este apartado vivencias y experiencias que deseo compartir.

Domingo, 12 de Julio de 2009

 

CRÓNICA BREVE DE UN VIAJE  CORTO

Destino: El Paraíso

(29 de junio /2 Julio-2009)

Junio nos despedía  y julio comenzaba, eran unos días que no pertenecían a nadie y que fueron suficientes  para comprobar que la belleza, sigue donde estaba. La decisión fue rápida, el deseo y la nostalgia, nos empujaron  a no esperar más.

Éramos conscientes que al nuestra llegada, una  tormenta nos recibiría, así lo pronosticaban todos los   inoportunos partes meteorológicos.

No suelo atender esta especie de pronósticos que pretenden adivinar el futuro sin dejar un resquicio a la sorpresa.

Esta vez el pronóstico acertó, y no le culpo, porque  aquella tormenta con intensa lluvia, hizo que aquellas montaña, casi nos resultaran nuevas.

El sonido cerrado de los truenos y la lluvia golpeando millones de hojas, más que un inconveniente, resulto ser un concierto que la maravillosa naturaleza nos había preparado.

Ceso la tormenta. Aquel  aroma a hierba mojada, el ozono que todo lo inunda, la tierra mojada, el canto reanudado de los pájaros. Todo, nos confirmo que habíamos llegado.

Se renovó nuestro espíritu y  todos nuestros sentidos, por arte de magia, se agudizaron y  recibieron los primeros impactos de la belleza que nos saludo aquella tarde.

El Hotel “Los Abetos”,  situado a los pies del majestuoso “Parque Nacional de Ordesa”, como siempre, cálido, tranquilo y acogedor.

La habitación, abuhardillada, con dos sublimes ventanas que, a modo de óleos con vida, te mostraban,  por una, el macizo de “Mondaruego”, por la otra, el pueblecito de “Torla” encaramado en su  roca, último pueblo que preside ese  pequeño valle de entrada al Parque.

Obligado paseo tranquilo  por sus calles estrechas, franqueadas por casas de piedra y flores, y por las que parece que el tiempo no pasa. Prácticamente, todo está como cuando paseaba de joven y la única sensación  diferente  en el tiempo, es que  parece, más hermoso y más  pequeño.

Cenamos en “La Brecha”. Allí cenábamos con nuestros hijos hace más de veinte años y allí sigue, ofreciendo su cocina casera y abundante.

Después  de una cena  tranquila y saludable, empapados por aromas conocidos, paseamos la noche fresca.

Los pájaros dormidos ya, esperaban anunciar el sol de la mañana, y como a ellos, nos llegó también la hora.

A media noche, la tormenta reapareció  y como si quisiera desearnos   buenas noches, acompaño nuestro sueño con  lluvia, truenos y relámpagos,  sonidos y destellos diseñados para ese momento que se unieron a los del Rio Ara que siempre sonaba cerca.Posiblemente, los Búhos  Reales y las Lechuzas ya estaban  vigilando la  noche.

La mañana se presento soleada y pudimos recorrer el Valle. Las nieves del  invierno y las lluvias generosas  de la primavera, habían  conseguido su objetivo, la abundancia del  verde inundaba la vista.

La “Pradera”, principio y fin de los senderos que recorren el Parque, te recibe y te obliga a abandonar el coche, a partir de ese punto, serán tus piernas y tus sentidos los que recorran el Valle.

Atraviesas  frondosos bosques de hayas y arces, que escasamente dejan que el sol  puede atravesar sus copas. Orgullosos y esbeltos, los robles, pinos  negros, abetos, abedules y  fresnos, se  mezclan y agolpan en el camino. Asciende por las laderas hasta acariciar los muros de roca que altivos les impiden el paso

Algunos, muestran impúdicos sus raíces que parecen  nacer en las rocas. Otros, con  troncos   caprichosos como si de una escultura se tratara. Todos muestran orgullosos  su enorme altura y la rectitud de sus troncos  coronados por las copas buscadoras de luz.

Impresiona adentrarse en aquellos bosques donde el silencio puede escucharse, donde  el musgo abraza a  las rocas y a los troncos caídos. La humedad, los helechos, los acebos, un concierto de aromas y sensaciones que desbordan los sentidos.

Los pájaros, invisibles, nos deleitan con sus múltiples sintonías,.. Imposible  distinguir los cantos entremezclados de  alondras, ruiseñores, colirrojos, carboneros, mirlos, herrerillos y pinzones.

 

Los riachuelos que se abren camino entre la espesura. Riachuelos de aguas nuevas, puras, frías y transparentes que  completan un concierto de sonidos.

En las alturas, múltiples cascadas, aparecen y desaparecen semiocultas por los bosques, emitiendo sus sonidos de veloz espuma, pincelando de blanco la espesura verde.

En las alturas, algún  ibón de nieve no quiere desaparecer, derretido por el calor y los rayos de Sol que le visitan a menudo.

Todos alimentan con generosidad al “Rio Arazás”, que nace en”Monte Perdido” y recorre  el fondo del Valle, salvando desniveles y creando saltos y cascadas. Permanecer a su lado y escuchar el rugido de sus aguas siempre igual y siempre diferente, provoca el deseo de llevárlo contigo para escucharlo siempre.

La fauna se esconde en esa misma espesura. Despiertas están ya  las  nutrias, los lirones y  marmotas.  Por las alturas, los sarrios asustadizos saltan de roca en roca. En otoño, cuando el agua escasea, bajan a beber al fondo del Valle y es fácil que te cruces con alguno.

La bóveda del parque, esta vez con rayos Sol y nubes que cambian con rapidez del blanco algodón al gris plomizo, modifican la luz del paisaje que adquiere diferentes matices.

Las águilas, los halcones, los buitres y el quebrantahuesos, con sus alas extendidas, planean con calma en las alturas.

Había que regresar ya  y la lluvia nos acompaña al final del camino .Hace que te sientas alagado, la  compartes con el bosque. La sensación es nueva y diferente.

El Hotel nos esperaba, reposamos ese cansancio tan sano,contemplando y escuchando la lluvia y el rio.

Aquella tarde paseamos “Broto”, más bajo que Torla. Un pueblo  que el tiempo, si consiguió cambiar un poco.

Cenamos en el pueblecito próximo a Broto… “Sarvisé”. El restaurante “La Frauca”…Como siempre, no defrauda. Comida natural y exquisita,  servicio  impecable, lugar antiguo , tranquilo y acogedor.

Encantados, reservamos para la noche siguiente… La última.

La mañana amaneció tranquila y ,como en las anteriores, el buen tiempo nos permitió realizar la segunda  caminata.

Esta vez  fue  el “Valle de Bujaruelo” y el estrecho “Valle de Ordiso”. No están considerados Parque Nacional, aunque su inicio  está en el “Puente de los Navarros” origen del mismo.

Valles, que sin la misma grandiosidad  que Ordesa, recogen una gran belleza, admirada por muchos. El rio Ara y sus riachuelos transcurren  junto a pequeñas praderas y abetos, rincones ideales para tumbarse  y escuchar.

Las vacas, que durante el verano  ocupan en libertad  lo alto del “Valle de Otal”, bajan a beber al rio y nos cortan el camino ignorando nuestra presencia.

Las nubes de algodón se tornaban plomizas y, muy a nuestro pesar, decidimos  regresar.

Pudimos comer tranquilamente en  la terraza  del Albergue de Bujaruelo ,  a cubierto de las pequeñas gotas de agua que ya se dejaban oír, sin dejar de oler a hierba mojada y contemplando el húmedo paisaje.

Como el día anterior, descanso en la habitación, paseo y fotografías por las calles  de Torla y las compras de última hora,..Productos de la tierra…. mermeladas y embutidos artesanos  y  el chocolate negro a la piedra  que nunca falta.

Cumplimos con nuestra cena reservada en La Frauca  y ella supo cumplir con nosotros.

La noche era espléndida  y paseamos las  cuatro callejuelas de Sarvisé y de Torla a modo despedida, intentando secuestrar aquellos aromas y aquellos pasisajes.

Sera un ¡hasta pronto!….¡Espero volver en Otoño!

Es un lujo permitido regresar al Paraíso

      

        © CARLOS HUSÓN

 

Algunas fotografías del viaje.

(Clika la fotografía para verla ampliada)

 

 

         

             

 !

¡ Hasta pronto!